Activismo y diversidad sexual: ¿cómo iluminaremos el camino?

1Un activista desarrolla su accionar dentro de una organización o grupo sin ánimo de beneficio particular, de manera altruista y solidaria, interviniendo con las personas y la realidad social frente a situaciones de vulneración, privación o falta de derechos u oportunidades para alcanzar una mejor calidad de vida y una mayor cohesión y justicia social como expresión de ciudadanía activa organizada.

El activista persigue un fin y un objetivo positivo: buscar un cambio para mejor en la situación de otras personas, además de gozar de capacidad suficiente para realizar la ayuda, con cierto consentimiento por parte de esas otras personas y respondiendo a una necesidad real del beneficiario. No es un pasatiempo ni un entretenimiento, sino que persigue la satisfacción de una necesidad previamente definida como tal. “Servir quiere decir dar, sacrificar una parte de sí mismo, de lo que se posee, en favor de otros”, escribió Jean-G. Lossier. “Conocerse y encontrarse a sí mismo es el único medio de conocer y encontrar a los demás. Es muy cierto que cuanto más grande sea nuestra riqueza interior, más frutos producirá nuestro trabajo. “Si no hay luz en nosotros, ¿cómo iluminaremos el camino?”.

Un activista debe recibir, tanto con carácter inicial como permanente, la información, orientación, apoyo y, en caso de ser posible, medios materiales necesarios para el ejercicio de las funciones que se le asignen. Debe ser tratado sin discriminación, con respeto a su libertad, dignidad, intimidad y creencias. Además, debe obtener el respeto y reconocimiento por el valor social de su contribución.

El activista del movimiento LGBT, que defiende los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero, debe tener protagonismo, ya que a la par de ser una persona excluida –en la mayoría de los casos–, es a la vez beneficiaria y voluntaria de su proyecto. Ser activista LGBT no supone ser, necesariamente, lesbiana, gay, bisexual o transexual. No debe confundirse la condición con el activismo por los derechos del colectivo LGBT. De hecho, no todas las personas que se autodefinen como LGBT son activistas en el contenido.

El activismo cubano no difiere en nada con lo planteado anteriormente. La Máster en Sexualidad Mariela Castro, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), ha declarado que en este compromiso también se ven involucradas personas heterosexuales que laboran por el respeto a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género y a lo que se ha llamado comunidad cubana LGBTIH (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, intersexuales y heterosexuales).

En esta comunidad se agrupan varias redes sociales que pretenden conseguir la normalización social y la equiparación de derechos. Se destacan los grupos TransCuba, el de mujeres lesbianas y bisexuales, Humanidad por la Diversidad (formado fundamentalmente por hombres gays y bisexuales, aunque su composición es más diversa). Otros grupos que accionan su activismo en el   Cenesex  son la Red de Jóvenes, la de los  Juristas por la Diversidad y el Grupo de familiares de activistas LGBT. Cada grupo tiene objetivos-meta particulares y traza sus estrategias de trabajo, pero en su conjunto se aprecian distancias entre uno y otro. Varias son las actividades de socialización y acciones de capacitación  que se desarrollan de conjunto y que incluyen la interrelación de redes. Pero aún falta mucho para lograr esa cohesión entre todos y todas. El trabajo del activismo cubano debe estar encaminado a un objetivo primordial en nuestra sociedad: el respeto –no tolerancia ni aceptación– a la libre orientación sexual e identidad de género por el que tanto se aboga. Se debe trabajar para que ese respeto sea bidireccional y que la comunidad LGBTIH cubana lo exija predicando con ese mismo respeto: no se trata de imponer nuestro accionar, sino de proponer.

Realizar activismo social LGBT en Cuba es algo muy difícil, más cuando se trata de una sociedad con arraigo machista históricamente marcado. Mucho se ha trabajado y falta mucho más, pero es difícil hacer esa tarea hacia el interior de la propia comunidad. Molesta reconocer que aún existen manifestaciones de homofobia internalizada dentro del propio activismo cubano; mientras persistan, no lograremos nuestros propósitos. Eso sin contar las expresiones de heterofobia que, en ocasiones, se han realizado en los más variados espacios.

Debemos pensar como un todo único e ir avanzando, paso a paso, para no perder lo logrado hasta ahora. Si se realiza un balance cualitativo y cuantitativo de seis Jornadas Cubanas contra la Homofobia, que se celebran desde 2008, se puede apreciar el camino recorrido y  los logros que ha experimentado la comunidad en nuestro país. La discusión y aprobación reciente de las modificaciones al Código del Trabajo, que incluyó en su letra el derecho al trabajo para todos y todas, independientemente del color de la piel, credo, origen social, seroestatus al VIH, discapacidad física,  orientación sexual e identidad de género, es muestra del accionar del activismo en cada centro donde fue discutido ese proyecto. Existe voluntad política refrendada en los Lineamientos del Partido, y en lo plasmado y logrado en el Código del Trabajo. La discusión y aprobación por parte de la Asamblea Nacional del Poder Popular de las modificaciones al Código de familia, todavía pendiente y en cierto estado de pasividad,  sería otro avance en la lucha por la igualdad de derechos.

Así se debe actuar, pensando en grande y trabajando juntos. Si nuestra labor la enfocamos en objetivos e intereses específicos de cada grupo, no avanzaremos mucho. Las mujeres lesbianas y bisexuales emprenden, entre sus principales demandas, el derecho a una reproducción asistida. Los gays trabajan por conseguir el reconocimiento de las uniones civiles y  el matrimonio entre personas del mismo sexo, para equiparar los derechos de las parejas homosexuales al del resto de las y los ciudadanos, en materias tan comunes como herencia y beneficios fiscales. Los transexuales (conocidos como trans) tienen como objetivos primordiales la reasignación sexual, la inserción en la vida social y en los espacios culturales nocturnos. Trabajando así, de manera independiente, nunca lograremos constituirnos como un verdadero movimiento LGBTIH cubano.

El primer Encuentro de Redes Sociales del Cenesex, que se realizó en noviembre de 2013 en la ciudad de Camagüey, a 530 kilómetros de la capital, se ocupó de las buenas prácticas a desarrollar para lograr un mejor trabajo de cada grupo y la cohesión entre las redes. Allí se abogó por esa integración que tanto nos hace falta: unirnos cada vez más en nuestra labor es la solución. Siendo responsables con nuestra sexualidad, haciendo cada vez más evidente la defensa de nuestros derechos sexuales y reproductivos, y contribuyendo con la prevención del VIH/sida, incluirnos más en la sociedad y dejar de ser el “aparte”. Desterrar estigmas y mitos que pesan sobre la homosexualidad, ser éticos en nuestras relaciones interpersonales y respetar a las demás personas nos permite exigir el respeto por nuestra orientación sexual e identidad de género. El encuentro de Redes Sociales del Cenesex concluyó con una declaración final en la cual se remarcó la necesidad de seguir trabajando por su cohesión.

La solidaridad deberá ser parte inseparable de cada una de nuestras acciones; solo así combatimos el egoísmo. Se necesita una entrega generosa de lo mejor de cada cual, actuar con profesionalidad, humanidad y eficacia en las tareas encomendadas. La acción del activista solo existe cuando repercute en las y los demás, cuando su interés es colectivo, general y público. Debemos buscar nuestros antecedentes en la historia, investigar y conocer sobre grandes personalidades de la cultura que hicieron activismo LGBT desde sus posiciones y, en muchos casos, en lo clandestino. Indagar sobre los errores cometidos en el pasado y extraer lo positivo de ello, para evitar nuevos y viejos desaciertos,  es también una forma de hacer activismo. Esto se hace necesario para conocer la génesis de la homofobia en Cuba, pero sin caer en rencores con el pasado, pues eso indica atraso en el pensamiento. Debemos buscar las respuestas para explicarnos los procesos históricos y sus consecuencias para una población rechazada y estigmatizada. No debemos esperar disculpas, si no seguiremos con esa carga de odio y resentimiento por lo que fue y no nos permitirá ver el camino de avance.

El activismo actual deberá ser un medio para dar respuestas a necesidades, problemas e intereses sociales de un grupo vulnerado de sus derechos, y no un fin en sí mismo para satisfacer a personas de manera independiente: La acción supone un compromiso solidario para mejorar la vida colectiva. Lo que cambia el mundo, lo que enfrenta problemas y necesidades, es la acción.